miércoles, 14 de septiembre de 2011

EN EL AÑO DEL BICENTENARIO. NESTOR VAZ CHAVES ESCRIBE SOBRE LA ESCUELA N° 5.


PUBLICADO POR NÉSTOR VAZ CHAVES.

Y MI PUEBLO TENIA ESCUELA


(Post dedicado a mis maestros y a mis compañeros entre 1955 y 1960 de la Escuela de 25 de Mayo. A propósito los primeros y sin proponérselo los segundos, ayudaron a moldear mi arcilla…Gracias)


   Y mi pueblo tenía Escuela Pública, claro....la No. 5 de 2do grado, (siendo esto ultimo algo que nunca entendí) y estoy casi seguro que no había una privada porque hubiera tenido poca clientela.

  Allá por 1955, un puñado de niños de seis años de edad pasábamos por primera vez la puerta de una vieja casona de varias piezas con corredores que daban a un patio central con aljibe, otro patio para los juegos, huerta, cocina y comedor….y casi el mismo puñado de gurises saldríamos preadolescentes en 1960, hace en estos días 50 años!!!

  Después de salir por las puertas de mi madre a toparme con la Vida, esta era mi primera puerta a la adquisición de conocimientos y valores fuera de mi hogar, a la oportunidad de satisfacer las ansias de saber, de curiosear por el Mundo.

  Muchos de nosotros –a semejanza del pueblo- teníamos solo una de cada cosa, por lo tanto mi única túnica era almidonada celosamente por mamá o mis tías los domingos, y tenia que durar toda la semana. La moña azul completaba el uniforme; llegaba bien armada y si no era así, las maestras se encargaban de enderezarla cuando formábamos la fila pero, ya en el recreo, esa moña estaba desestructurada, y cuando a las cinco de la tarde rompíamos fila en desbandada con satisfacción de deber cumplido, la moña mascada por los nervios de algún problema aritmético no resuelto, colgaba con un desparpajo que llevaba a las madres que esperaban la salida a comentar entre ellas:

  -Mirá la facha de forajidos que tienen!!!

  En mi casa había un solo portafolios. De lunes a viernes llevaba y traía mis cuadernos, mis libros, mi cajita con lápices, mi libreta de deberes y una goma….Los sábados y domingos llevaba y traía las partituras de tango que mi viejo tocaba en su fuelle en el quilombo de la Coca en Florida. Era el mensajero que unía el sagrado templo del saber y del conocimiento, iluminado con la luz solar, con el templo pagano del pecado y los placeres del prostíbulo orillero con luz roja en la entrada y casi sin luz en su interior……

  Dos partes de mi vida futura –mis ansias de conocimiento y la música- ya se estaban uniendo a través de aquel portafolios que casi arrastraba por el suelo sin llegar nunca a saber si se debía a que era muy grande para mi, o yo muy chico para él.

  Mis compañeros del viaje inicial: Eduardo, Martha, Inés, Elsa, Norma, Wilfredo, Marita, Lalo, Alberto, Jorge, la Cacha, Magelo, Elba, Milka, Luz, Alma, Mauricio, Omarcito, Sonia, Roberto, Mary, Dora, Rita, el gordo Folgar, Nelson, Aída, el Fino, el Cale, y alguno mas....Hace muy poco nos reunimos, y mis pozos de memoria se fueron rellenando con la memoria de mis amigos de infancia, por quienes compartieron conmigo el primer tramo importante de mi vida.

  Los recreos eran como tener una fiesta cada día. Diez minutos antes, dos afortunados salían de la clase para ir a buscar la canasta de biscochos a la panadería de “Motiya” Arias. Con la venta de esos biscochos en los recreos del último año de clase, en los últimos días de diciembre contratábamos el único ómnibus del pueblo, la “Onda Marina” de don Juan Vanni y nos íbamos de excursión a Montevideo.

  Cuando la implacable campanilla daba la señal, era la hora señalada para el apuro por no perder ni un solo minuto del partido entre 5to y 6to, que se jugaba en la cancha de enfrente a la Escuela y que muchas veces terminaba con serias discusiones por algún penal mal o bien cobrado por el “Fino” Capelli que era además del juez del partido, nuestro técnico por ser el crack de 6to, por lo cual corríamos con una sospechable ventaja.

  Si no había futbol, estaban las bolitas. Y tampoco faltaban líos por alguna “gañota” exagerada o una cuarta estirada al máximo, siendo por algo así que recibí la primera piña de uno de los “pesados” de la Escuela, que me escondió bajo un banco por un buen rato hasta que bajara el chichón.... Es probable que harta de esos problemas la directora Malvina una tarde de lluvia -en un gesto duro que siempre nos dolió- requisó todas las bolsitas y los bolsillos expropiando nuestras bolitas, que fueron a parar al insondable aljibe del patio central de la vieja casona.

   Los recreos de setiembre en adelante podían ser de cometas. El “papel cometa”, finito, de colores, montado sobre una estructura de cañas secas cortadas a la mitad, pegado con engrudo, tomaba forma de barriletes, estrella y barquitos, que se elevaban ayudados por la cola de retazos y por uno o dos ovillos de piolín fino y resistente, que te marcaba los dedos cuando corrías remontándola…..

  Y en las tarde frías de invierno, antes de irnos, los cuerpitos se calentaban al llenarse la panza con la taza de cocoa y la galleta que nos preparaba la inolvidable y querida Aurelia!!

  Las maestras bajaban del tren en la cercana estación, y caminaban cruzando la plaza con sus pesados portafolios marrones llenos de cuadernos con deberes corregidos. En mi caso fueron: Susana Pastorini en primero y segundo, después Chocha de Palleja de Elorga, mas tarde Yolanda Martínez, mas adelante Teresita Giordano de Deluca (que me hizo abanderado de la Escuela), y en sexto año, el primer maestro varón que conocíamos: José Gervasio Alén.

  Los maestros fueron nuestros segundos padres, nuestros primeros faros. Ellos nos inculcaron los valores de la igualdad y del compañerismo, de la responsabilidad individual y colectiva, de la amistad y del respeto aunque, en esto último nunca faltaba aquél que respetaba un poco menos a los maestros que la mayoría…

  Pero en fin, eso siempre aconteció en cualquier Escuela del mundo, salvo –estoy seguro- lo que puede catalogarse como el primer atentado a un maestro en bicicleta.

  La fechoría -de la cual hay un confeso y dos probables cómplices- se perpetró cuando el Maestro pedaleaba 11 km desde Berrondo a Isla Mala en su hermosa bicicleta de carrera a cumplir con su deber porque había huelga de trenes…. El lugar elegido para la incalificable emboscada fue el paso sobre una cañada en el barrio de Las Canteras, a unos 3 km de la Escuela, y las armas utilizadas fueron hondas de alto calibre, disparadas por los “guerrilleros” parapetados entre los talas del monte….

Y como siempre detrás del crimen hay que visualizar el móvil del mismo, éste no fue por una nota baja en el carnet o por una reivindicación gremial ya que de eso nada conocíamos, sino por entender que se coartaban nuestros derechos a no tener clases cuando no corrían los trenes que traían los maestros!!!!

Un pacto de silencio grupal tapó de impunidad el hecho, al tal punto que hace unos días, en el citado encuentro de los egresados en 1960, cuando socarronamente y en voz baja se comentaba el in suceso, los “reos” involucrados no tuvieron aún la valentía de admitir su culpabilidad en presencia del hoy anciano Maestro que ya por aquel entonces perdonaba con benevolencia todas esas diabluras!!!

Salvo en muy escasas y vergonzantes excepciones, (como la ya relatada), aprendimos de nuestros Maestros los valores de la igualdad, del respeto, de la solidaridad y de la amistad. Valores que se solidificaban aun más en nuestros hogares de padres amigos de hijos amigos.

Nos enseñaron -y aprendimos- no solo las primeras verdades axiomáticas de la vida sino además a pensar, a razonar, a observar y entender la Naturaleza que nos rodea, a tomar conciencia del Tiempo a través de la Historia y del Espacio mediante la Geografía.

El Maestro José Gervasio Alén fue quien nos entregó –en nombre de todos nuestros maestros anteriores- el pasaporte para el nuevo camino a emprender.

Salimos sabiendo que habíamos recorrido la primera parte del camino vital, que encontraríamos y traspasaríamos otras puertas, que nos orientaríamos en nuevos rumbos y nuevas direcciones, pero todo confluyendo hacia la construcción de nuestro propio destino.

Salimos sabiendo que cada uno llegaría a la meta que quisiera y pudiera arribar, pero que nada de lo que lográramos mas adelante podría marcar diferencias entre nosotros: seguiríamos, como 50 años después, siendo todos iguales porque somos -soy- el fruto orgulloso de la Escuela Pública uruguaya laica, gratuita y obligatoria que nos inició en el saber y en los valores que hacen a la estructura basal de todo ser humano.



Generación 1960.Con los Maestros Yolanda Martínez y José G. Alen. 26 de octubre de 1997



Generación 1960 con el Maestro José G. Alén. 5 de diciembre de 2010.







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