miércoles, 14 de septiembre de 2011

NESTOR VAZ CHAVES PUBLICA EN SU BLOG "AYER PASE POR MI PUEBLO".

AÑO DEL BICENTENARIO.

EL MUSICO NESTOR VAZ  LE ESCRIBE A SU PUEBLO VEINTICINCO DE MAYO.

AYER PASE POR MI PUEBLO.......

(Post dedicado a 25 de Mayo, o Isla Mala, que es lo mismo. Porque como dije en otro post, todo humano tiene un lugar de origen, y yo también tengo una geografía de mi tiempo cero.....)

Mi pueblo tenía tren y por lo tanto tenía estación, porque estando a la vera de la vía del ferrocarril no iban a permitir que éste nos despreciara pasando de largo y no parara. El tren era algo cotidiano en nuestras vidas, la estación un centro importante de actividad, y el jefe de estación una personalidad que como tal, actuaba. Los trenes entraban o salían cuando él tocaba la campana, suyas y solo suyas eran las órdenes al peón acerca de cuando hacer los cambios de vía y habilitar las señales. Vendía los boletos cuando no había empleado, firmaba los telegramas, controlaba los telegrafistas y el buen funcionamiento de los faroles con sus luces blanca, verde y roja, charlaba y bromeaba con los guardas de traje gris, hablaba en serio con los inspectores de traje azul porque éstos eran superiores y tipos serios.



Durante la semana, nos entreteníamos mirando los grandes embarques de ganado, los troperos arriando hasta la estación y luego empujando a prepo vaca tras vaca llenando vagón tras vagón del tren que al final partía, siempre rumbo a Montevideo, con los animales apretados de tristeza, maldiciendo su destino y rumiando su protesta mediante el olor acre de orines y bostas redondas chorreando para las vías.



En el tren viajaban para Montevideo todos los que trabajaban en AFE (mi tío Ernesto, el Beto Izaguirre), el tio Pocholo a soldar fierros en Colón, don Pintos y don Eduardo Ruétalo eran los comisionistas que llevaban y traían encomiendas, los Maciel mandaban ranas para el Victoria Plaza, y muchos desocupados del pueblo llevaban enormes paquetes con carne de contrabando en épocas de veda, trayendo a la vuelta los bolsillos llenos.… Para Florida los que íbamos al Liceo, porque el pueblo en ese entonces no tenía.



El tren traía toda lo necesario para los comercios: las bebidas para los boliches de don Sinforoso Ferreira, de la Avispa Solari, del Vasco Arniz; telas y sedalinas para la tienda de Antonia Badal, la de Hortensia Barreiro y la mercería de Pollak, jabones, harinas y azúcar para el almacén del Valija, el de Bachicha Oroño, el de Paolino, bolsas de fertilizantes para las chacras, y de afrechillo para las vacas lecheras de los tambos.



A las 11 de la noche pasaba el tren expreso para Rivera que ni paraba en la estación para no perder tiempo porque quien del pueblo iba a viajar para la frontera por esa época!!!



Era lindo ver pasar ese tren. En el “crucevía” de Amarelle, el maquinista aminoraba la marcha más que nada por precaución - si casi no había autos para que necesitábamos barreras- y se podía ver los pasajeros cenando en el salón restaurant, atendido por mozos de saco blanco.



Pero la verdadera fiesta era el domingo. El cruce de trenes de las 6 de la tarde era el evento social que culminaba la semana. Cuando el tren llegaba chirriando, las ventanillas se abrían, y aparecían cabezas masculinas buscando las miradas de las muchachas del pueblo que iban a “dragonear”, pero aquellos amores duraban solo unos minutos, hasta que el jefe diera la orden de partida rompiendo la magia, cortando las fantasías!!!



Mi pueblo tenía fútbol. Solo en mi pueblo podían existir cuadros con nombres tan originales como Mate Amargo, Mejoral, y Sacarrola, o tan sencillos como Defensores del Norte o Defensores del Barrio.



Y la única cancha de la época, con bajadita para lo de Vidal, sin tribuna y con arcos de palos redondos de eucaliptos y red de tejido de alambre, los domingos se llenaban de gritos femeninos arengando a los muchachos. Allí pasearon su clase los Paris (Pipí, Bimbo y Tabaré), Cacho y Artigas Saldombide, el “Catalán” Pou, el “Pollo” Milbeck, el Curita García, “Carranza” y el Hindú Rava, el Picha, el Pocho Beltrán, Pocholo Pérez, todos los Abraham, el loco Gómez, Cachanata, “Pepe” y Roberto Oroño, los Bruschi, los Piedrabuena, Motiya Arias, los Figueroa, y tantos otros que se mataban a patadas entre ellos pero se unían mas que nunca cuando el seleccionado del pueblo debía afrontar aquellas “batallas” futbolísticas contra los vecinos cardalenses encabezados por los durísimos vascos Lanz.....



Mi pueblo tenía música. El fuelle de don Angel Gómez o el del Cheno, mi querido viejo, Teresa y Aníbal, el violín mágico de Chiquito Arias, la batería de Luisito Barbé o de Pirulo Piedrabuena, Pedrito Badal tocando el pandeiro, los firuletes tangueros del “Torniquete”, de Nelson y Perla, Juan Muniz con su canto y su guitarra, el contrabajo del Gato Navarro, las clases de piano de Licha Oroño, Atilio Vidal cantando “Almagro” en los picnis familiares de las Canteras.



Los bailes de disfraces eran en el 25 de Mayo o en el Democrático...Y si no era ahí, se iba en camiones a lo Valdés en el Paso de los Novillos, o al salón Valerio en Mendoza. Si el camión era cerrado con lona, el pasaje era más caro: llegabas con menos tierra arriba de la ropa pero mucha adentro de los pulmones.



Y a los bailes se iba de traje y de vestido. Para eso estaban los talleres de costura de Lola y de Maruja Pérez, y las sastrerías del Cholo Aguilar y del Ratón Dupuy.



Mi pueblo tenía olores que eran perfumes porque todas las casas tenían jardines con rosales, jazmines, malvones, boca de sapos, clavelinas y gladiolos. Y tenía quintas con perfumes de laureles, orégano y tomillo. Las madrugadas se poblaban de olor a leña quemada de los hornos de las panaderías, de las que salían los biscochos de Motiya, y la mejor galleta dura que conocí en mi vida, la del Tito Martínez.



El olorcito a pan y biscochos frescos viajaba casa por casa en la volanta del reparto de Chiarlita, que guardaba billetes y monedas en los bolsillos de un gran cinto marrón.



Sobraba la carne. Y en las carnicerías de Fagundes o en la del Lulo Barreiro, las modernas sierras eléctricas dejaban un olor especial al cortar las chuletas.



Mi pueblo tenía sonidos que a veces rompían los silencios de las madrugadas, como el de los camiones lecheros de Marcenal o del Negro Pereira que se iban cargados de tarros para Montevideo. O un solitario tren de carga que pasaba en la madrugada.



En la noche se escuchaban los silbatos de los “rondas”, agudos sonidos en clave con que los policías se comunicaban en sus recorridas de barrio a barrio y que irritaban a los perros.



Uno de los mas lindos era el grito del heladero, que venia de Florida y anunciaba sus “palitos vasitos heladoooooos” alegrando las siestas obligatorias en las calientes tardes de verano.



En mi pueblo no había quilombos, por lo tanto no había líos por las noches.



Claro que mi pueblo ya tenía luz eléctrica, pero solo en algunas manzanas del “centro”, por eso el cielo era bien oscuro y en las noches podíamos ver miles de estrellas aunque solo reconociéramos a Orión y su Cruz del Sur. En los bordes no teníamos radio, y a la noche no había otra cosa que hacer que leer y estudiar con luz de lámparas de queroseno, o de alguna vela.



Mi pueblo tenía macachines en los campos, berro en las cañadas, bichitos de luz en las noches.



En mi pueblo alcanzaba y sobraba con una sola comisaría y unos pocos milicos porque no había garrafas, radios de autos, equipos de audio, celulares ni maquinas de fotos para robar, por eso solo había algún que otro ladrón de gallinas, y algún que otro matarife que carneaba alguna vaca pero siempre “para la olla”. Claro que también había juez de paz, pero como el comisario no iba a andar pasando a juez a borrachos o pugilistas de algún partido de futbol, tenía también él, poco trabajo.



En mi pueblo alcanzaba y sobraba con una sola Iglesia y un solo cura. Alguna que otra misa, pocos casamientos, algún funeral, y el catecismo de los sábados al cual los gurises íbamos no muy convencidos porque en el fondo de la Iglesia no había canchita. Y al menos a mi no me seducía mucho tener que aprenderme el Padrenuestro y el Avemaría de memoria sin tener un partidito de recompensa. Apenas pude llegar al Gloria.



Teníamos correo. Pero como no había facturas para repartir, solo llegaban unas pocas cartas y alcanzaba que Waldemar Marinoni el cartero saliera de vez en cuando a repartirlas.



Alcanzaba y sobraba con dos taxis -de Eduardo Calcagno y del vasco Urrizaga-, con dos bodegas –la de Vidart y la de Giacosa-, con dos herrerías y talleres (la Guinea Cambio y el Pato Bermúdez), con un solo puesto de frutas y verduras (el de don Pandolfo, que vio a su hijo llegar a doctor por ser muy capaz) y con una sola peluquería: la del Chau Fierro, que no logró su sueño de ver a su hijo el Pacho jugando en Peñarol porque no tuvo suerte.



Como ya dije que los autos eran pocos, en mi pueblo había una sola Ancap atendida por el Nene Arias y con eso alcanzaba.



Alcanzaba y sobraba con un solo médico -el Dr. César de Alava- que estaba en todo momento, iba a todos lados y nunca sabia cuando iba a cobrar las consultas. Una sola farmacia: la de don Paco Guarnido. Y no existían especialistas, salvo Luisa Rappalini, la partera que ayudó a las madres de varias generaciones a parirnos en sus casas y en sus camas porque el pueblo no tenía Hospital y menos Sanatorio.



En mi pueblo había un solo cementerio y un solo campo santero –el sordo Marroco- y con eso alcanzaba bien. Porque éramos pocos, vivíamos tranquilos y la gente mayor era tan feliz que demoraba todo lo que podía para morirse. Por eso las flores sobraban, y las casas se llenaban con el perfume de los jazmines y las rosas.



Mi pueblo es también la imagen de mi abuelo sentado leyendo El Día, de la bondadosa mirada de ojos celestes de mi abuela, mis viejos, mi hermana, mis tíos, fin de año en familia y las botellas en el fondo del pozo de agua. Mi pueblo es don Severo Vidart, Amaranto, Tarantito, Juanita la Macanuda, la memoria de todos los cumpleaños del Toto Picón, los Aren, los Jordan, el Pepe Malacrida, Pinocho, Polola, los Barreiro, los Viera, los Cambio, los Rava, los picapedreros del barrio Las Canteras…



Ellos y muchos más a los que pido perdón por no nombrarlos son integrantes de mis vivencias, están en mi “mochila” parte ineludible de mi carga y no reniego de la misma!!!!



Cada uno de nosotros tiene su propia historia, Al fin y al cabo, solo es una cuestión de nombres, tiempos y lugares. Solo quería contarles esto y decirles que no estoy de acuerdo con Zitarrosa, al menos cuando dice:



“no eches en la maleta lo que no vayas a usar,



son mas largos los caminos p’al que va cargado de más...”



En todo caso todo lo que llevo no me pesa....Y sé bien que lo que me queda de camino por recorrer será más corto que largo, pero sin duda, sería mas triste viajar con la mochila vacía.....



Ah…y mi pueblo tenía escuela….pero esa es otra historia.


http://nestorvaz.blogspot.com/





















EN EL AÑO DEL BICENTENARIO. NESTOR VAZ CHAVES ESCRIBE SOBRE LA ESCUELA N° 5.


PUBLICADO POR NÉSTOR VAZ CHAVES.

Y MI PUEBLO TENIA ESCUELA


(Post dedicado a mis maestros y a mis compañeros entre 1955 y 1960 de la Escuela de 25 de Mayo. A propósito los primeros y sin proponérselo los segundos, ayudaron a moldear mi arcilla…Gracias)


   Y mi pueblo tenía Escuela Pública, claro....la No. 5 de 2do grado, (siendo esto ultimo algo que nunca entendí) y estoy casi seguro que no había una privada porque hubiera tenido poca clientela.

  Allá por 1955, un puñado de niños de seis años de edad pasábamos por primera vez la puerta de una vieja casona de varias piezas con corredores que daban a un patio central con aljibe, otro patio para los juegos, huerta, cocina y comedor….y casi el mismo puñado de gurises saldríamos preadolescentes en 1960, hace en estos días 50 años!!!

  Después de salir por las puertas de mi madre a toparme con la Vida, esta era mi primera puerta a la adquisición de conocimientos y valores fuera de mi hogar, a la oportunidad de satisfacer las ansias de saber, de curiosear por el Mundo.

  Muchos de nosotros –a semejanza del pueblo- teníamos solo una de cada cosa, por lo tanto mi única túnica era almidonada celosamente por mamá o mis tías los domingos, y tenia que durar toda la semana. La moña azul completaba el uniforme; llegaba bien armada y si no era así, las maestras se encargaban de enderezarla cuando formábamos la fila pero, ya en el recreo, esa moña estaba desestructurada, y cuando a las cinco de la tarde rompíamos fila en desbandada con satisfacción de deber cumplido, la moña mascada por los nervios de algún problema aritmético no resuelto, colgaba con un desparpajo que llevaba a las madres que esperaban la salida a comentar entre ellas:

  -Mirá la facha de forajidos que tienen!!!

  En mi casa había un solo portafolios. De lunes a viernes llevaba y traía mis cuadernos, mis libros, mi cajita con lápices, mi libreta de deberes y una goma….Los sábados y domingos llevaba y traía las partituras de tango que mi viejo tocaba en su fuelle en el quilombo de la Coca en Florida. Era el mensajero que unía el sagrado templo del saber y del conocimiento, iluminado con la luz solar, con el templo pagano del pecado y los placeres del prostíbulo orillero con luz roja en la entrada y casi sin luz en su interior……

  Dos partes de mi vida futura –mis ansias de conocimiento y la música- ya se estaban uniendo a través de aquel portafolios que casi arrastraba por el suelo sin llegar nunca a saber si se debía a que era muy grande para mi, o yo muy chico para él.

  Mis compañeros del viaje inicial: Eduardo, Martha, Inés, Elsa, Norma, Wilfredo, Marita, Lalo, Alberto, Jorge, la Cacha, Magelo, Elba, Milka, Luz, Alma, Mauricio, Omarcito, Sonia, Roberto, Mary, Dora, Rita, el gordo Folgar, Nelson, Aída, el Fino, el Cale, y alguno mas....Hace muy poco nos reunimos, y mis pozos de memoria se fueron rellenando con la memoria de mis amigos de infancia, por quienes compartieron conmigo el primer tramo importante de mi vida.

  Los recreos eran como tener una fiesta cada día. Diez minutos antes, dos afortunados salían de la clase para ir a buscar la canasta de biscochos a la panadería de “Motiya” Arias. Con la venta de esos biscochos en los recreos del último año de clase, en los últimos días de diciembre contratábamos el único ómnibus del pueblo, la “Onda Marina” de don Juan Vanni y nos íbamos de excursión a Montevideo.

  Cuando la implacable campanilla daba la señal, era la hora señalada para el apuro por no perder ni un solo minuto del partido entre 5to y 6to, que se jugaba en la cancha de enfrente a la Escuela y que muchas veces terminaba con serias discusiones por algún penal mal o bien cobrado por el “Fino” Capelli que era además del juez del partido, nuestro técnico por ser el crack de 6to, por lo cual corríamos con una sospechable ventaja.

  Si no había futbol, estaban las bolitas. Y tampoco faltaban líos por alguna “gañota” exagerada o una cuarta estirada al máximo, siendo por algo así que recibí la primera piña de uno de los “pesados” de la Escuela, que me escondió bajo un banco por un buen rato hasta que bajara el chichón.... Es probable que harta de esos problemas la directora Malvina una tarde de lluvia -en un gesto duro que siempre nos dolió- requisó todas las bolsitas y los bolsillos expropiando nuestras bolitas, que fueron a parar al insondable aljibe del patio central de la vieja casona.

   Los recreos de setiembre en adelante podían ser de cometas. El “papel cometa”, finito, de colores, montado sobre una estructura de cañas secas cortadas a la mitad, pegado con engrudo, tomaba forma de barriletes, estrella y barquitos, que se elevaban ayudados por la cola de retazos y por uno o dos ovillos de piolín fino y resistente, que te marcaba los dedos cuando corrías remontándola…..

  Y en las tarde frías de invierno, antes de irnos, los cuerpitos se calentaban al llenarse la panza con la taza de cocoa y la galleta que nos preparaba la inolvidable y querida Aurelia!!

  Las maestras bajaban del tren en la cercana estación, y caminaban cruzando la plaza con sus pesados portafolios marrones llenos de cuadernos con deberes corregidos. En mi caso fueron: Susana Pastorini en primero y segundo, después Chocha de Palleja de Elorga, mas tarde Yolanda Martínez, mas adelante Teresita Giordano de Deluca (que me hizo abanderado de la Escuela), y en sexto año, el primer maestro varón que conocíamos: José Gervasio Alén.

  Los maestros fueron nuestros segundos padres, nuestros primeros faros. Ellos nos inculcaron los valores de la igualdad y del compañerismo, de la responsabilidad individual y colectiva, de la amistad y del respeto aunque, en esto último nunca faltaba aquél que respetaba un poco menos a los maestros que la mayoría…

  Pero en fin, eso siempre aconteció en cualquier Escuela del mundo, salvo –estoy seguro- lo que puede catalogarse como el primer atentado a un maestro en bicicleta.

  La fechoría -de la cual hay un confeso y dos probables cómplices- se perpetró cuando el Maestro pedaleaba 11 km desde Berrondo a Isla Mala en su hermosa bicicleta de carrera a cumplir con su deber porque había huelga de trenes…. El lugar elegido para la incalificable emboscada fue el paso sobre una cañada en el barrio de Las Canteras, a unos 3 km de la Escuela, y las armas utilizadas fueron hondas de alto calibre, disparadas por los “guerrilleros” parapetados entre los talas del monte….

Y como siempre detrás del crimen hay que visualizar el móvil del mismo, éste no fue por una nota baja en el carnet o por una reivindicación gremial ya que de eso nada conocíamos, sino por entender que se coartaban nuestros derechos a no tener clases cuando no corrían los trenes que traían los maestros!!!!

Un pacto de silencio grupal tapó de impunidad el hecho, al tal punto que hace unos días, en el citado encuentro de los egresados en 1960, cuando socarronamente y en voz baja se comentaba el in suceso, los “reos” involucrados no tuvieron aún la valentía de admitir su culpabilidad en presencia del hoy anciano Maestro que ya por aquel entonces perdonaba con benevolencia todas esas diabluras!!!

Salvo en muy escasas y vergonzantes excepciones, (como la ya relatada), aprendimos de nuestros Maestros los valores de la igualdad, del respeto, de la solidaridad y de la amistad. Valores que se solidificaban aun más en nuestros hogares de padres amigos de hijos amigos.

Nos enseñaron -y aprendimos- no solo las primeras verdades axiomáticas de la vida sino además a pensar, a razonar, a observar y entender la Naturaleza que nos rodea, a tomar conciencia del Tiempo a través de la Historia y del Espacio mediante la Geografía.

El Maestro José Gervasio Alén fue quien nos entregó –en nombre de todos nuestros maestros anteriores- el pasaporte para el nuevo camino a emprender.

Salimos sabiendo que habíamos recorrido la primera parte del camino vital, que encontraríamos y traspasaríamos otras puertas, que nos orientaríamos en nuevos rumbos y nuevas direcciones, pero todo confluyendo hacia la construcción de nuestro propio destino.

Salimos sabiendo que cada uno llegaría a la meta que quisiera y pudiera arribar, pero que nada de lo que lográramos mas adelante podría marcar diferencias entre nosotros: seguiríamos, como 50 años después, siendo todos iguales porque somos -soy- el fruto orgulloso de la Escuela Pública uruguaya laica, gratuita y obligatoria que nos inició en el saber y en los valores que hacen a la estructura basal de todo ser humano.



Generación 1960.Con los Maestros Yolanda Martínez y José G. Alen. 26 de octubre de 1997



Generación 1960 con el Maestro José G. Alén. 5 de diciembre de 2010.







lunes, 5 de septiembre de 2011

BREVE SINTESIS DE LA HISTORIA DE VILLA 25 DE MAYO.




   En el año del Bicentenario de la Emancipación Libertadora es necesario realizar una revisión de la historia de nuestra villa.
  El hecho de estar inmersos en un contexto social, político y económico determinado, hace que las “lecturas” que realizamos de los hechos históricos se vean fuertemente influenciadas por criterios y valores propios de nuestra vida cotidiana, restándoles objetividad. La mayoría de los hechos históricos surgieron en contextos diferentes al nuestro, en los cuales existían otras formas de pensar, otros intereses, y otras problemáticas. El objetivo de este proyecto de clase, es que los alumnos logren analizar un evento histórico ya estudiado y que el docente considere necesario retomar y profundizar a partir de varios de los personajes que participaron en él, personajes que como nosotros, actuaron basándose en sus propias vivencias, contexto, criterios y valores propios de su época.
  De esta manera, se busca que los estudiantes logren comprender que existe una diferencia sustancial entre un hecho histórico como tal y los relatos que se han escrito sobre éste, teniendo en cuenta el contexto social, político, económico y personal desde el cual se estudie.
  Entre lomas y llanos, bordeado de arroyos y cañadas, coronado de montes, con aroma a eucaliptos, entre marañas de talas y espinillos, chircales y mataojos, con amaneceres, de campos cubiertos de escarcha o bajo el sol ardiente, con trinos de torcaza y aletear de teru teros nació nuestra querida villa.
  Bajo un cielo de grandeza y con aires de esperanza, con el misterio del granito adormecido en la tierra nacería este pueblo legendario, cuyas raíces se pierden en el tiempo.
 Eran tiempos de matreros, personas de pocas palabras, muy diestros con el facón; de contrabandistas de misteriosa procedencia, tiempo de inmigrantes llegados de otras tierras.
 En aquella época, había visionarios, con sueños de colonizar este territorio procurando lograr un futuro venturoso.
                                                 DON RAMÓN ÁLVAREZ.
                                         UN SEMBRADOR DE PUEBLOS.

   Entre las grandes figuras se destacan Don Ramón Álvarez y su amigo Don Francisco Piria. El primero, nació en la ciudad de San Carlos, Maldonado, el 14 de enero de 1824. Sus padres fueron Juan José Álvarez y Doña Dominga Lucero, ambos españoles.
  Su niñez transcurre en la capital del país.
  En su juventud recorre los departamentos periféricos a Montevideo. Aprecia las enormes extensiones de tierra sin poblar, ni cultivar y entonces nace en él la idea de colonizar el interior.
  Casado en primeras nupcias con Doña Damiana Ávila con quien tuvo a Ramón Martín como único hijo.
  Al enviudar pasa muchos años sin formar nueva familia. Hasta que en el año 1881 contrae nuevas nupcias con Doña Virginia Soñora, en Montevideo. Con ella tuvo cuatro hijos Virginia, Ema, Elvira y Ramón.
 Inicia sus proyectos hacía el año 1870. Compra grandes superficies de campo. Luego las vende en parcelas a los que deseaban adquirirlas, la única condición era poblar y mejorar los campos. Como contrapartida les otorgaba créditos concediéndoles largos plazos de pago.Por aquellos años los ingleses habían traído el ferrocarril. Era el medio de transporte empleado para trasladar el granito que se explotaba en las canteras de la región.
   Don Ramón Álvarez, fue poblando a lo largo de la vía férrea.
  Así fundó en el año 1872 la ciudad de La Paz, y casi de inmediato Villa 25 de Agosto.
  Adelantándose a la llegada del ferrocarril compra terrenos en esta zona y trata de poblarlos enseguida.Esas tierras pertenecían a Don Liberato Bentancor. Destina un terreno para construir la estación.
  Se instala aquí con su esposa e hijos.

                         UN 25 DE MAYO DE 1874 NACE LA VILLA 25 DE MAYO.

   El 25 de mayo de 1874 se funda Villa 25 de Mayo. Esa fecha le da el nombre a la población. Tiempo después sería llamada “Isla Mala”, nombre que los ingleses dieron a la estación del ferrocarril. Esta denominación encierra gran misterio cuando se trata de interpretar su significado ya que circula más de una versión sobre el origen del nombre.
  Don Ramón Álvarez se encarga personalmente de dirigir los planos de la villa, hace el trazado de las manzanas, calles y plaza. Dona la imagen de la estatua de la Libertad que luce en la Plaza frente a la Iglesia.
 Le gusta enjardinar el lugar especialmente la plaza de la estación.
 Fomenta la agricultura y la ganadería en el entorno de la villa.
 Desde entonces ya se explotan las canteras de granito y piedra caliza en la que trabaja gran parte de los hombres de la recién nacida población.
 Vivía humildemente junto a su familia ya que la crisis por la que atravesaba el país lo lleva a perder su capital cortándose así sus planes de futuro. Hasta el año 1882 se le ve cuidando con mucho amor la placita de la estación.
 Poco después ya muy enfermo se va a Montevideo donde fallece el 12 de marzo de 1897, a los 72 años de edad. Sus restos encuentran eterno descanso en el cementerio del Buceo.

                                  LAS CANTERAS DE GRANITO.

   El granito era el mineral más codiciado por los inglese en aquellos tiempos.
  Se explotan muchas canteras. Esa fuente de trabajo reunía a muchísimos obreros, entre ellos, italianos y vascos.
  Aprenden a usar la dinamita y a preparar los barrenos.
  Algunas de las canteras pertenecían a Apolonio y Vidart, Amarelle, Cerchi entre otros.
  El traslado del granito hasta la estación se hacía en grandes carretones tirados por más de 20 bueyes.En el año 1907, es extraído gran cantidad de granito que se emplea en la construcción del Palacio Legislativo sede del Parlamento de nuestro país.
 Entre los años 1924 y 1930 es explotada una nueva cantera de granito, en un predio de Vialidad, dando trabajo a 150 hombres.

                            LAS CANTERAS DE PIEDRA CALIZA.

   Ya desde 1872 se explotaban las canteras de piedra caliza que existía en grandes yacimientos junto al río Santa Lucía Chico. Era industrializada y cocinada en grandes hornos construidos para eso. Don Lázaro Cafferata tenía dos canteras y Don Agustín Solari otra.
  Otra de las caleras pertenecía al Sr. Marinoni.

                                  LOS ALAMBRADORES.

   Los vascos enseñan la técnica de tendido de alambrados, a lo largo de la vía férrea. Entre ellos Don Fermín Beriau, Don Juan Laza y Don Juan Arén. Los que aprenden el oficio son Don Filemón Cabrera, Don Victorino Rodríguez, Don Pablo Arén, Don Miguel Oroño y Don Pedro Viera.

                                LA GANADERIA Y LA AGRICULTURA.

  Allá por el año 1875 comienza la explotación de la agricultura. Los inicios de la agricultura no fueron nada fáciles pero vale la pena el esfuerzo y tenacidad de los pioneros.
  Las primeras familias que se dedican a la explotación agropecuaria son españolas: Don Nicolás Pou y Doña Anita Rech, Don Joaquín Ramón y Doña María Porqueros, Don Buenaventura Baltrons y Doña Margarita Pou, ellos traen los primeros arados de acero.
  Entre los agricultores esta Don Mauro Zurdo Y su esposa Doña Agustina Samaniego que fue la primera maestra del lugar dando clases particulares en su hogar. Era tiempo de yuntas de bueyes, de pesados carruajes, de ciega con hoz, de cosechas de trigo y maíz.
  Otros productores agropecuarios eran los Domínguez, Cabo, Iberos, Badal, Bonilla, Cambio, Quiroga, Dalia, Garabagno, Rocca, Prandini, Colombo, Patrón, Amaro, Arbelo…
  El paso de los años motiva que la zona este incluída en la cuenca lechera. Hace muy pocos días se inauguró la industría láctea “La Feliciana”, emprendimiento que recibirá hasta 20.000 litros de leche y proporcionará trabajo a los pobladores de la villa.

                            EL CARBÓN.  OTRA RIQUEZA.

   En aquella época se explotan también los montes naturales sobre el río Santa Lucía Chico, para la venta de leña y fabricación de carbón. Algunos de los carboneros eran los Sánchez, los Martínez, Andrés y Manuel Gómez, Vicente Rodríguez y Santiago Leal.

                                LOS MERCACHIFLES.

  Los mercachifles de la población eran Don Juan Calcagno y Don Guillermo Frontera. Su tarea era muy importante ya que llevaban los artículos de primera necesidad a los campesinos sin que estos tuvieran que trasladarse a los comercios.

                            LOS PRIMEROS COMERCIANTES.

   Entre los primeros comercios encontramos las panaderías de Don Manuel Picón, de Don Eusebio Arias y la de Don Ángel Martínez.
  La cantina de Don Astengo en la que los parroquianos disfrutaban de las tertulias dadas por los italianos, que con su música y cantos hacían el deleite de los concurrentes.
  Otros comerciantes eran Don Guillermo Frontera con su comercio de comestibles, artículos de tienda y bebidas, Don Alejo De León, Don Ángel Amarelle. El restaurante era de Don Eusebio Álvarez.
  Los herreros y carpinteros eran Don Alejandro y Don Luis Bruschi.
  Los primeros peluqueros y barberos eran Don Flores, y Don Natalio Guzmán.
  El zapatero de la población era don Vicente.
  La carnicería pertenecía a Don Pedro Iglesias.
  El primer sastre fue Don Juan Dupoy.
  Los carruajes de alquiler pertenecían a Don Juan Llosas y Don Eusebio Arias y a Don Juan Echeverría y Don Salvador Shien.
                             EL PRIMER MÉDICO DEL LUGAR.

  El primer médico radicado en el lugar fue el Dr. Fuster. Se trasladaba a pie hasta donde se hallaba el paciente, jamás le negó atención a nadie.
 Otro de los médicos era el Dr. Antonio Legnani, quien visitaba a los enfermos desplazándose a caballo.
  Más tarde los enfermos recibieron la atención del Dr. De Alba.
  Las parteras eran Doña Juana Montochello, Doña Rosaura Calegare, Doñas Ciriaca y Petrona López, Doña Lola Segredo.
  En aquella época eran muchas las mujeres que comadronas que traían al mundo los hijos de las mujeres de la villa, una muy recordada fue Doña Luisa Rapallini.
  El farmacéutico fue Don Francisco Guarnido. En esos tiempos los médicos recetaban con la fórmula química de los medicamentos y él los preparaba con gran esmero justo ahí donde está el Club Mejoral.

                                                         LA IGLESIA.


     Antes de que existiera la Iglesia las misas se hacían en las casas de particulares donde se reunían las familias del lugar. El primer cura párroco fue el italiano Salvador Capobianco que viajaba desde la ciudad de Florida. La idea de construir una capilla cobró fuerza. El constructor de la Iglesia fue Don Leopoldo Tossi. Finaliza la obra en el año 1906. Es una verdadera obra arquitectónica, orgullo de los vecinos de la villa.
                     LOS PRIMEROS VIÑEDOS Y BODEGAS.


   Los propulsores fueron Don Carlos Giacosa y Don Juan Chiarla.
  Más tarde la vid proliferaría con nuevos emprendimientos de Urse, Ferrari, Cabrera, Bruschi, y Garabagno.
   Don Pedro Vidart, un vasco francés que se radicó y formó su familia casándose con María Dolores Calcagno. En sus comienzos vendía el vino a granel a reconocidas bodegas que lo envasaban con sus marcas.
  Hoy en día los vinos “Villa 25” elaborados por Álvaro Vidart son orgullo del lugar y reconocidos en todo el país.
                                                 
                                                        LA VIDA SOCIAL.


   La vida social de aquella época se desarrollaba entorno al Club 25 de Mayo, donde se reunían las personas más pudientes y el Club Democrático, que era el más popular. Allí se realizaban grandes reuniones bailables.
  Había también salas de cine.
  Los hombres jugaban pelota vasca y bochas. Algunos preferían jugar a la taba.
  En la villa hubo una “Banda” que organizaron los italianos que trabajaban en las canteras. Más adelante fue dirigida por el maestro Ángel Gómez. Los días de gloria de la misma fueron entre los años 1944 y 1949.
  Los deportistas representaron al Club Ciclista “Libertad de Isla Mala”, al Club Mejoral y a Alianza de 25 de Mayo si de fútbol hablamos.
                                         EL CEMENTERIO.

  El Cementerio se inaugura en el año 1921. El camposantero era Don Rosa García.
  Anteriormente, los fallecidos se trasladaban hasta Florida en una jardinera perteneciente al Sr. Pekín primero, al Sr. Juan Arén (hijo) después. Era tirada por burros y mulas siendo el cochero Don Solano López.

                                  EL ALUMBRADO PÚBLICO.

    El 13 de junio de 1937 a las 20.30 horas, la señorita Irene García Monteliú deja inaugurado el alumbrado público, iluminando la esperanza de los pobladores que se encontraban presentes en ese momento.

                            LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS.

   El 14 de octubre de 1876 se abrió el Primer Registro Civil que estuvo a cargo del Sr. Francisco Copdevilla.
  En el año 1877 se propone la creación de una escuela pública. En el año 1882 es creada con el nombre de Escuela Rural Nº 2, Simón del Pino, hasta que en el año 1893 pasa a llamarse oficialmente Escuela Nº 5. La historia de la escuela la leemos en el blog.
  Más tarde se crea el Liceo.
  Hoy, la Villa cuenta con dependencias: B. P. S, CORREOS, ANTEL, O. S. E., A. N .C .A .P, etc.

                          BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.

- Revista Isleña. (Varios números).
- Memorias de la Isla. De Julio Sánchez Reyes. 2011.
-Isla de Mayo. Aproximaciones al debate sobre la identidad local. Fernando Pintos coordinador. 2008.
- Escritos del historiador Dr. Wilson Monti 
                                                                                             Héctor Moreira.